Muerte en el Everest

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Muerte en el Everest

Una zona de muerte

La montaña más alta del mundo se encuentra localizada en el Himalaya, demarcando la frontera entre China y Nepal. Tiene una altura de 8.848 metros sobre el nivel del mar, y reconocible no sólo por ser la más alta, sino por albergar docenas de cadáveres de personas que fallecen en el intento de su ascenso o bien sea descenso. Se trata del Monte Everest.

Su nombre se debe en honor a Sir George Everest; un geógrafo y topógrafo galés que dedicó gran parte de su vida a los estudios de esta montaña, anteriormente llamada Pico XV. Esta gran montaña apodada por China como “La Madre del Universo”, y por los pobladores de Nepal como “La Frente del Cielo” se ha convertido en un cementerio, literalmente, desde finales de los años 10 en los que el ser humano se ha empeñado a alcanzar su cima hasta el día de hoy.

Debido a su gran altura y los riesgos que aguarda el Monte Everest, esta enorme montaña es motivo de atracción para los alpinistas y escaladores de todo el mundo, que sueñan con superar los obstáculos y romper con los límites personales, porque de cierto es que ya diferentes personas han logrado alcanzar la cima.

La temperatura promedio en la cumbre del Everest en el mes más frío, que es enero, es de -36°C, incluso pudiendo llegar a los -60°C. En el mes más cálido, julio, la temperatura alcanza los -20°C. Llegando a una altura superior a los 8.000 metros existe una zona llamada “zona de la muerte” ubicada entre el Campo Base 4 y la cima Everest, en donde la aclimatación es casi imposible y se requiere de botellas de oxígeno para poder respirar. Pues el oxígeno respirable a esa altura es apenas un tercio de lo habitual. Sin embargo, algunas personas han logrado alcanzar la cima sin la ayuda de las botellas de oxígeno. La mayoría de los casos de muerte ocurre en esta zona.

Efecto en el cuerpo humano

La cima del Everest ha sido el sueño y ambición de cientos de personas apasionadas por la altura y las montañas, que desde temprana edad se preparan físicamente para escalarlo. Pero no es un simple recorrido de ida y vuelta al que se enfrentan. De hecho, una cantidad bastante pronunciada no logra retornar, falleciendo bien sea en el ascenso o descenso. Según información de Marcus Tobías, un montañista venezolano que hizo cumbre en el Everest el 23 de mayo del 2001, 1 de cada seis personas que intenta conquistar la cima, lo logra; y 1 de cada 6 personas que lo logran, no alcanza bajar con vida.

¿Pero a qué se debe? Pues, una vez que comienza el ascenso, comienzan también las complicaciones. El cuerpo humano comienza a experimentar una serie de malestares que pueden resultar letales. Literalmente, el cuerpo perece poco a poco mientras intenta conquistar la cima del mundo.

Uno de los primeros síntomas que se presenta en el cuerpo humano al ascender es la tos. El efecto de la tos puede que no parezca motivo de preocupación, pero la tos por causa de la altura provoca que la respiración se acelere por el frío, haciendo que los pulmones se sequen causándole agrietamientos. Tanto así que algunas personas se han roto las costillas con esta tos, que en algunos casos se presenta con presencia de sangre.

Por otro lado, la temperatura y la altura son la principal causa del “mal agudo de montaña”, conocida como “mal de altura” o “mal de páramo”, que es lo más usual en las personas que están a una altura bastante considerada. Esto no es más que la falta de oxígeno en el organismo, produciendo mareos, dolor de cabeza, elevación del ritmo cardiaco, vómitos, disnea y agotamiento físico. No obstante, por causa de las temperaturas extremas muchas personas han fallecido por congelación, sumándole a estos la aparición de edemas cerebrales y pulmonares por causa de la creación de presión y excesos de fluidos.

Pero si bien las personas que pretenden subir el Everest están al tanto del extremo frío, también el calor está presente. Puede parecer bastante contradictorio en una zona repleta de hielo, pero así es. Pues la nieve y el hielo funcionan como reflector enorme del resplandor del sol (como si fuese un espejo), más aún cerca del Campamento Base, a unos 5.634 metros de altura, donde las temperaturas en el día pueden alcanzar un poco más de 30° Celsius, y por ello provocar grandes quemaduras en el cuerpo. No obstante, la vida de las personas corre serios peligros en caso de una avalancha provocada por el deslizamiento de un bloque de hielo, en el cual puedan encontrarse envueltos, como sucedió en la inolvidable tragedia del 10 de mayo de 1996 en la que fallecieron 15 personas, sin olvidar que en el año 2015 al menos 18 personas perdieron la vida tras una avalancha producida por un terremoto en Nepal.

No solamente los elementos puros de la naturaleza representan riesgos en el Everest. También por causa de peligrosas caídas a gran altura es motivo de lesiones e incluso muertes. Estas montañas cuentan con un terreno rocoso que dificulta el caminar. Muchas personas han presentado rotura de tobillos y piernas por esto.

Por último, la hipoxia, que es la falta de oxígeno en el cerebro, puede hacer que la persona desvaríe y tome decisiones totalmente incoherentes, pudiendo esto resultar letal. Tal es el caso de Lincoln Hall; un australiano fue encontrado el 26 de mayo del 2006 a 8.700 metros de altura presentando alucinaciones, sin guantes, sin camisa y sus implementos necesarios para sobrevivir.

Cadáveres: puntos de referencia

Desde 1921 hasta el año 2016 más de 250 personas han fallecido en el Everest. Entre ellos alpinistas y escaladores profesionales y con vastas experiencias. La mayoría de ellos no han sido aún encontrados. Por el contrario, muchos cadáveres permanecen al día de hoy situados en el mismo lugar donde fallecieron. Incluso representan puntos de referencia. Tal es el caso de “Green Boots” (Botas Verdes); un hombre oriundo de la India que falleció el 11 de mayo de 1996 por hipotermia bajo una cueva de piedra caliza a 8.500 metros de altura. Su apodo se debe al color verde de sus botas, y marcaba la principal ruta de ascenso de la arista noreste del Monte Everest, hasta que en el 2014 un grupo de montañistas chinos movilizó para quitarlo de la vista, y ahora se desconoce su ubicación.

Otro cuerpo que ha sido motivo de polémica es el de David Sharp, que falleció en mayo del 2006 al lado del Botas Verdes, y aún estando con vida no fue auxiliado por grupos de montañistas que ascendían pasando justo a su lado. Pero mucho antes de encontrarse con estos dos “puntos de referencia” se encuentra también el cadáver de “el saludador”. Un hombre cuya identificación se desconoce y por ello le apodaron de esa manera, por la curiosa pose de brazos abiertos en el momento de fallecer.

La razón por la cual estos cadáveres permanecen allí, o por lo menos transcurre muchos años para rescatarlos, es debido a las dificultades presentes para el descenso. El decline de la montaña, la densidad de la nieve y los fuertes vientos que amenazan contra la vida de las personas, impiden que unas rescaten a otras. Incluso grupos de personas que han partido su viaje para rescatar otros cuerpos, más allá de lograr el objetivo han resultado muertas de igual manera.

 

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